Psicología del consumo

PSICOPATOLOGÍA DEL CONSUMO E IDENTIDAD

En este post quiero presentar una nota publicada en la Web de Psicología Ambiental: Análisis, Reflexión y Aplicaciones (http://psicologia-ambiental.com/patologias-del-consumo-compra-compulsiva-y-consumo-compensatorio.html) que me pareció muy interesante y de un gran aporte para el tema que quiero tratar; ya que, relaciona muy bien el concepto de identidad con la psicopatología del consumo.

 

¿Quién soy?

Esta interrogante se relaciona con el concepto de Identidad. La identidad empieza a desarrollarse en la infancia a través del proceso de socialización. En este sentido, la identidad se construye en relación con los demás y con el mundo. Erik Erikson dividió este proceso en ocho etapas, cada una de las cuales se encuentra marcada por un conflicto que debe resolverse. Si el conflicto de cada etapa se resuelve satisfactoriamente el individuo consigue desarrollar virtudes que favorecen su sana adaptación a la sociedad. Por el contrario, si no consigue resolver los conflictos su adaptación será pobre.

 

Etapas del desarrollo psicosocial (Erikson)

Periodo

Relaciones significativas

Virtudes

Malignidades

Confianza vs. Desconfianza

0 – 18 meses

Madre

Esperanza, optimismo

Distorsión sensorial/ retraimiento

Autonomía vs. Vergüenza y duda

18 meses – 3 años

Padres

Voluntad, autocontrol

Impulsividad/ Compulsividad

Iniciativa vs. Culpa

3 años – 5 años

Familia

Propósito, dirección

Agresividad/

inhibición

Competencia vs. Inferioridad

6 años – 12 años

Profesores, amigos, vecinos

Competencia, método

Virtuosismo estrecho/ Inercia

Identidad vs. Confusión de roles

12 años – 18 años

Pares, grupos

Fidelidad, devoción

Fanatismo/ repudio

Intimidad vs. Aislamiento

18 años – 35 años

Pareja, amigos, colegas

Amor, afiliación

Promiscuidad/ exclusividad

Productividad vs. Estancamiento

35 años – 55 años

Niños, comunidad

Cuidado, producción

Sobreextensión/ rechazo

Integridad vs. Desesperación

55 años en adelante

Sociedad, mundo, vida

Sabiduría, renuncia

Presunción/ desdén

 

La investigación sobre la formación de la identidad ha complementado y superado los aportes de Erikson, sin embargo se considera que algunos elementos de su teoría siguen siendo válidos (Côté y Levine, 2002).

James Marcia (1964, 1966 en Côté y Levine, 2002), quien amplió la teoría de Erikson, describió cuatro niveles de identidad a partir de la presencia o ausencia de crisis y compromiso durante la adolescencia. Según la teoría de Marcia, la identidad se consolida cuando luego de haber considerado varias opciones durante un período de crisis el individuo se compromete con una alternativa (compuesta por valores, roles, etc.). A diferencia de las etapas de Erikson, los niveles de identidad descritos por Marcia no son secuenciales y se caracterizan por la elección de un conjunto de valores e ideales, una orientación sexual y una dirección vocacional. La crisis, la elección y el compromiso son conceptos centrales de la teoría de Marcia.

 

 

Niveles de identidad (Marcia)

Características

Exclusión

Compromiso sin crisis: el individuo no ha experimentado ninguna crisis de identidad, sin embargo se conforma con las expectativas de otros respecto a su futuro y se compromete con algunos roles y valores sin explorar distintas opciones.

Moratoria

Crisis sin compromiso: el individuo considera varias alternativas pero no se atreve a comprometerse con ninguna de ellas.

Logro de la identidad

Crisis que lleva al compromiso: el individuo evalúa distintas opciones y finalmente se compromete con una identidad.

Difusión de la identidad

Sin compromiso, sin crisis: el individuo no percibe ni evalúa opciones y por lo tanto carece de compromiso.

 

 

En la actualidad el consumo juega un rol muy importante en la formación de la identidad. Erich Fromm en su libro Tener y Ser describe los peligros del consumismo que comprometen la identidad y la forma como la publicidad comercial destruye el juicio crítico a través de la sugestión.

El consumo patológico puede manifestarse a través de la compra compulsiva y el consumo compensatorio. Desarbo y Edwards, (1996 en Sun et al., 2004) encontraron una relación entre la compra compulsiva y el materialismo, la negación, la búsqueda de aprobación, la dependencia, la depresión, la baja autoestima, la búsqueda de excitación, el perfeccionismo y la falta de autocontrol. Valence et al., (1988 en Sun et al., 2004) identificaron correlaciones positivas significativas entre la compra compulsiva y la depresión. Por otro lado, Mowen y Spears (1999 en Sun et al., 2004) hallaron una relación positiva entre la compra compulsiva y la inestabilidad emocional.

Un estudio de la Universidad Northwestern demostró que la carencia de poder incrementa la voluntad de un individuo para adquirir productos que simbolicen estatus (Rucker y Galinsky, 2008). Por ejemplo, un individuo puede sentir la urgencia de comprar un artículo costoso con el fin de atenuar el sentimiento de impotencia que le produjo una discusión con el jefe. Sin embargo, el consumo compensatorio sólo genera un alivio transitorio y no resuelve la problemática subyacente.

En concreto, se generan formas patológicas de consumo al identificar el éxito, la felicidad y el poder con el acopio de bienes y servicios. Las empresas productoras son conscientes de esto y lo refuerzan a través de la publicidad agresiva para aumentar sus ganancias. Sin embargo, la insatisfacción y el estrés son cada vez más comunes en nuestra sociedad consumista, especialmente en aquellas personas que acumulan deudas con el fin de incrementar sus niveles de consumo. Al respecto, los economistas Herman Daly y Joshua Farley (2004) señalan que las personas intentan equivocadamente satisfacer necesidades inmateriales con bienes materiales. Por consiguiente, la pérdida o escasez de pertenencias les produce inseguridad, ansiedad y frustración mientras que en otros casos la abundancia también provoca estos sentimientos.

Entre un número cada vez mayor de jóvenes y adultos es común que la respuesta a la pregunta “¿Quién soy?”, esté de alguna forma determinada por los bienes que adquieren. Contradictoriamente, buscan aprobación y originalidad comprando artículos de producción masiva o intentan compensar vacíos y sentimientos desagradables con objetos cuya utilidad marginal decrece de forma inevitable a pesar de su poderosa proyección simbólica.

Las relaciones interpersonales han pasado a un segundo plano en la sociedad de consumo, de tal manera que bien podría reemplazarse el refrán “Dime con quién andas y te diré quién eres”, por la frase “Dime qué consumes y te diré quién eres”. Desde luego, una identidad subordinada al consumo es una identidad frágil que descuida hasta cierto punto la actividad más importante del ser humano: la relación con los demás (Dios, familiares, amigos, vecinos, etc.) consigo mismo y con la naturaleza. Lo anterior se manifiesta por ejemplo, en la generación abundante de desechos los cuales perturban la salud de las personas, de los ecosistemas y amenazan el bienestar de las generaciones futuras. Las formas patológicas del consumo podrían considerarse desde esta perspectiva relacional como expresiones de un egoísmo crónico cuyo tratamiento va más allá de la introyección de normas y de la motivación extrínseca.

Tal y como lo expresó Fromm (2005), “el conocimiento empieza con la destrucción de las ilusiones, con la desilusión”. Es imprescindible destruir las ilusiones del consumo para conocer lo que es realmente vital. De igual forma, es primordial la elección consciente de artículos y servicios proambientales y el compromiso con estilos de vida solidarios.

 

Referencias:

 

-Côté, J. & Levine, C. (2002) Identity formation, agency, and culture: a social psychological synthesis. New Jersey: Lawrence Erlbaum Associates.

 

-Daly, H. & Farley, J. (2004) Ecological Economics: Principles and Applications. Washington: Island Press.

 

-Fromm, E. (2005) To have or to be? UK: Continuum International Publishing Group.

 

-Rucker, D. & Galinsky, A. (2008) Desire to acquire: powerlessness and compensatory consumption. Journal of Consumer Research. Vol 35.

 

-Sun, T., Wu, G., and Youn, S. (2004). Psychological antecedents of impulsive and compulsive buying: A hierarchical perspective. In A. Cheema & J. Srivastava (Eds) the Proceedings of the Society for Consumer Psychology 2004 Winter Conference (pp 168-174). San Francisco, CA: Society of Consumer Psychology.

 

 

Tan solo quisiera añadir que la personalidad también se puede relacionar con el consumo a través de sus tipos. La personalidad es entendida para la mayoría de los psicólogos como “un conjunto de pensamientos, sentimientos y comportamientos de una persona que suelen ser bastante constantes durante la vida del individuo”. Según la teoría de los cinco grandes, se agrupan las características de la personalidad en cinco grandes rasgos o factores, estos son: la apertura a la experiencia, la agradabilidad, la conciencia, el neurotismo y la extroversión. Cabe resaltar, que estos rasgos están mezclados en el individuo de manera compleja y que no se pueden reducir a un simple factor, pero sí podemos decir que uno predomina sobre los otros. Relacionándolo con el consumo creo que son las personas en las que predomina el neurotismo las que tienden más al consumismo; ya que, suelen experimentar emociones negativas como ansiedad y depresión que muchas veces son calmadas por medio de las compras y la aceptación social lo que las hace sentirse mejor.

En conclusión, la personalidad es un elemento decisorio en la formación de nuestra identidad; por tanto, deberíamos tener más en cuenta y ponernos a reflexionar sobre qué tanto nos estamos dejando influenciar por la publicidad y el consumo de masas, que nuestro mundo globalizado casi nos impone.   

 

Comentarios

Alexandra tu post es extenso pero realmente interesante. No sé de prefiles de personalidad y comportamientos de consumo pero creo que efectivamente el reuroticismo sería alto en los consumidores compulsivos. Apasionante tu análisis en varios momentos y este es realmente un tema importante a abordar en nuestra sociedad.

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